sábado, 26 de enero de 2019

¿Pueden ser malos los chicos?


Es corriente escuchar a los adultos decir que tal chico o chica "es malo"...

¿Realmente puede considerarse malo un ser humano de dos, tres, cuatro, cinco o diez años?

¿Estamos hablando de MALDAD, o es que los adultos tampoco sabemos reconocer la BONDAD?

Decirle a un chico o una chica, e incluso a un adulto, que son malos representa un "golpe emocional".

A nadie le gusta que le digan que es "malo", a menos que sea una persona que ya se instaló en el papel de verdugo y está cobrando alguna venganza sin que los demás se hayan dado cuenta.

También puede pasar que la gente que goza de poco reconocimiento comience a a hacer fechorías para no pasar inadvertida y en la mayoria de los casos lo consigue.

Si un niño, una niña o un adolescente están buscando ser el "malo" de la película, debemos prestar atención y en vez de reforzarle ese rol, acompañarlo a encontrar aquello que lo lleva a elegirlo.

En un contexto de juego es normal querer ser buenos y malos, policías y ladrones; sin embargo, cuando estamos en la vida "real", el querer ser malo conlleva un mensaje oculto.

El "malo" disfruta haciendo sufrir a otros y eso le da poder y fama; el bueno por el contrario, puede pasar por tonto.

También existen los "falsos buenos", niños y niñas aparentemente buenitos que en el fondo actúan para ganar la confianza de los adultos, aunque no llegan a ser malvados ni perversos.

Debemos estar atentos para reconocer cuándo alguien quiere hacer de malo y darle el acompañamiento indicado. 

"No intentes curar el mal 
por medio del mal"
Heródoto de Halicarnaso
Historiador y geógrafo griego
484 - 425 A.C.

lunes, 26 de noviembre de 2018

El castigo está out




Corrige, rectifica, señala el error pero no juzgues a la persona ni amenaces con el castigo....

El castigo es una forma retrógrada de crianza, que deja rencor en los niños y casi siempre culpa en los adultos.

El problema radica en que muchos niños, niñas y adolescentes, están creciendo solos, sin nadie que los observe con amor y por lo tanto pueda corregirlos oportunamente, también desde el amor.

Al corregir, se indica aquello que no está bien y se muestran alternativas para una próxima vez, porque de los errores se aprende, siempre y cuando uno sepa en qué consistió el error.

"La cultura del terror", como la denominó Eduardo Galeano, debería ser desterrada de hogares y escuelas. Nada debe ser más importante que aprender en vez de pagar por los errores.

Debemos tener claro que en la infancia somos aprendices pero también grandes maestros; aprendices de cómo comportarnos en este mundo de normas y etiquetas y maestros de grandes saberes ocultos en nuestros talentos. 


"El único propósito del castigo 
es la prevención del mal; 
nunca impulsará a nadie 
al bien".
Horace Mann
Docente estadounidense
(1796 - 1859)

jueves, 13 de septiembre de 2018

El camino de la Rectitud



¿Puede un niño identificar el camino correcto para avanzar con su vida?

¿Estamos preparados los adultos para indicarle la ruta adecuada?

¿Sabemos acompañar los errores y la travesía o estamos obsesionados con el éxito y los resultados?

El camino de la rectitud es un camino solitario y aburrido, porque lo que flota en el ambiente es la "Ley del vivo", el atajo de la trampa, la viveza criolla...

No obstante, hace falta contarle a los chicos que existen las cárceles y que allí van a parar los que no se detienen por su cuenta, los que tienen que ser detenidos.

Así pensemos que la justicia humana no existe y veamos a muchos delincuentes burlándose de las leyes o hasta inventándolas para su provecho, hay una justicia superior, es la justicia del corazón que no deja en paz a quien mal actúa.

Enseñar valores no es una cuestión moral o religiosa, es un deber ciudadano y humano, porque el niño o la niña que toman un camino equivocado serán ciudadanos que sufren las consecuencias de su ignorancia.

Hoy estamos ante muchos padres y madres temerosos y laxos que no saben poner límites a sus hijos y "educan" a distancia, desde el celular.

Por otro lado, tenemos muchos maestros y maestras desbordados por las exigencias del sistema que todavía los pone a llenar planillas a mano y a diligenciar formularios cuando podrían estar conversando amigablemente con los chicos acerca de sus sueños, sus expectativas, sus talentos y sus intereses...

Y de fondo, tenemos a muchas instituciones públicas y privadas, absolutamente dormidas, gastando millones en publicidad de consumo y muy poco en mensajes positivos para la sociedad.

En el medio, los medios, los grandes medios que perdieron el norte y se ubicaron del lado de la billetera.

Todo está servido para fomentar y mantener la corrupción, porque los ciudadanos desconocen las normas básicas de convivencia y los deberes.

Los discursos políticos siguen siendo "ensoñadores" y mientras tanto, millones de niños y niñas van perdidos sin saber cual es el camino correcto.

¿Existe un camino correcto?

¡Si! Es el camino de la verdad, la justicia, la libertad, la transparencia, la belleza, la virtud, la modestia y muchos otros valores, que llegó el momento de entender y defender desde la perspectiva de la felicidad. 

¡Basta de amenazar con el infierno! El infierno lo crea todo aquel que vive sin reconocer lo valioso que es y se deja convencer de que es un animal inteligente.

Puede ser que el camino de la rectitud te lleve despacio y a lo mejor no llegues a conseguir todos los bienes materiales que te anuncian como trampolín a la felicidad; de lo que puedes estar seguro o segura es que la rectitud es un camino maravilloso y por más empinado que parezca, siempre te va a llevar a buen destino. 

Es posible que recorras muchos kilómetros de más, pero podrás descansar tranquilamente cada noche, con la conciencia limpia y la satisfacción de haber elegido ir verdaderamente LIBRE, sin ser comprado por nadie.

"Qué importa saber lo que es una recta 
si no se sabe lo que es la rectitud?"
Séneca





miércoles, 4 de abril de 2018

¡Haz caso!






















La obediencia es uno de los valores apetecidos por madres, padres y maestros del siglo pasado.

Hoy se hacen "acuerdos", no se imponen las cosas, comenzando por los hijos y los alumnos. De lo contrario estaríamos alimentando el modelo del Dictador o del Tirano que se supone queremos desterrar.

Imponer significa no respetar al otro, aunque en algunos momentos es preciso que los chicos sigan INSTRUCCIONES precisas, algo muy distinto de darles ÓRDENES.

Todavía  nos quedan rezagos de una "Educación" violenta en la que los adultos siempre tenían la razón y los niños no tenían derecho a opinar ni a contestar. 

Hay que sacar HUMILDAD, PACIENCIA y sobre todo CONCIENCIA para entender que los chicos son los que pueden transformar esta sociedad en la que la prioridad la tiene el apuro por conseguir dinero.

Si estás exigiendo constantemente que un chico te obedezca, valdría la pena analizar por qué y para qué corres tanto.




viernes, 24 de noviembre de 2017

Educación Emocional

















Les enseñamos a los niños a hablar, vestirse, lavarse los dientes, comer en la mesa y muchas otras acciones cotidianas, pero se nos olvida que con nuestro comportamiento también les estamos enseñando a expresar sus emociones.

Si gritamos, ellos aprenderán a gritar; si maldecimos, ellos aprenderán a maldecir. Los niños aprenden a hacer lo que ven en su entorno inmediato y si lo hace la mamá o el papá, cobra mucha más importancia.

Antes que enseñar a los chicos, nosotros como adultos debemos revisar la forma en que estamos expresando nuestras emociones: permitir el diálogo, el abrazo y sobre todo, el llanto que proviene de un sentimiento genuino no de una pataleta.

La pataleta es una prueba de que el niño o la niña no conocen otra forma de hacerse notar y de comunicarse con los adultos.

El grito no se calla con otro grito; el silencio y la autoridad amorosa hacen que el chico reaccione favorablemente, es cuestión de intentarlo y abrir los espacios en forma oportuna, no en medio de las pataletas.

Si queremos que nuestros niños aprendan respeto, comprensión y paciencia, debemos comenzar por aplicarlos nosotros mismos ante sus sentimientos.

"Cuando hables, procura que tus palabras 
sean mejores que el silencio".
Proverbio hindú

jueves, 19 de octubre de 2017

El valor de ser




















En la absurda obsesión por cumplir con los "requerimientos" del sistema educativo, a muchos docentes se les olvida lo más importante: los chicos.

¿Cómo puede ser que las normas estén todavía por encima de lo que los chicos sienten? ¿Y cómo puede ser que muchos docentes no ESCUCHEN ni VEAN cómo están los chicos, qué sienten?

Que diferente sería si en vez de cumplir con tanta normatividad, los docentes se dedicaran a CONVERSAR con los chicos que están ávidos de historias reales en un mundo virtual en el que ya nadie habla con ellos, simplemente se les dan instrucciones de qué deben hacer y qué no deben hacer, sin ninguna explicación lógica de por qué o para qué, simplemente deben HACER sin cuestionar.

Cuarenta y cinco o cincuenta minutos para hablar de un contenido que pronto caduca, resultaría más fructífero si en vez de repetir y transcribir información, los temas se conectan con situaciones de la vida real que lleven a los chicos a pensar en el saber para SER, simplemente SER.

Ninguna calificación numérica alcanza para registrar cuántos valores posee cada chico, sólo basta poner la mirada en el SER y menos en el HACER.


¡Triste época la nuestra! 
Es más fácil desintegrar un átomo 
que un prejuicio.
Albert Einstein
Científico alemán 
nacionalizado estadounidense
1879 - 1955



domingo, 6 de agosto de 2017

Una palabra basta




De la misma forma que no está bien decir cojo, manco o tuerto, tampoco deberíamos decir malo, mentiroso, ladrón o insolente. Lo que tenemos es una persona que causa daño, una que dice mentiras, una que roba y otra que falta al respeto. 

A diferencia de la condición física que es evidente y puede ser para toda la vida, los valores tienen rectificación, la persona puede haber dicho una sola mentira, en un momento determinado y debe tener la oportunidad de rectificarlo. Lo mismo el que roba o insulta una vez, e incluso muchas veces, en eso consiste la comprensión y el no condenar.

Etiquetar a otro a partir del valor que no exhibe es cortarle la posibilidad de cambio, especialmente en los niños y adolescentes, que  están aprendiendo a reconocerse y valorarse a sí mismos.

Cuando se le dice a un chico que es “malo”, “mentiroso”, “grosero”, además de causarle una herida emocional que bloquea el diálogo, se le niega la oportunidad de aprender del error, se le da una herramienta destructora de sí mismo y muy poderosa para llamar la atención.

Inconscientemente querrá hacer honor al título que le dimos, al menos se hace célebre por algo y tiene nuestra mirada constante.

Si llegamos a descubrir que otro nos miente, sentimos que nos agrede o necesitamos fijar límites, hay que bajar un cambio, respirar profundo y referirnos a la acción, no a la persona. No es lo mismo decir “eres mentiroso” que “dices mentiras” o "eres desordenado" que "tienes en desorden tus cosas".

¿Cómo puede salir un chico de la etiqueta de “malo” si se lo dicen en repetidas oportunidades? Aparte, el término "malo" es en sí mismo un descalificativo, anula al ser y no corrige el hacer.

Los adultos tenemos grandes responsabilidades frente a los chicos, la primera de ellas es manejar nuestras emociones para no caer en el insulto y poder elegir las palabras correctas que siembren valores, no rencores.


No hay cojos ni mentirosos, hay personas a las que le falta una pierna y otras que dicen mentiras.

"Una palabra es suficiente 
para hacer a o deshacer 
la fortuna de un hombre".
Sófocles
Poeta griego
495 - 406 a.C.



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