jueves, 5 de enero de 2017

La medida de los valores



Los valores como todo en la vida, son relativos y deben practicarse en su justa medida, porque los valores están muy conectados con nuestro bienestar.

El indicador más claro de que estás practicando un valor en exceso o te estás quedando corto es el SUFRIMIENTO. Si sufres y te quejas ante una responsabilidad, entonces hay que revisar si es que verdaderamente no te corresponde. Si sufres por no decir lo que piensas, puede ser un exceso de prudencia y consideración con el otro, que a la larga terminará enfermándote. Si eres el "héroe" de la familia y siempre sales al rescate a lo mejor estás buscando reconocimiento, aunque te engañes porque te reconocen como solidario.

Cuando una persona dice que es "muy" responsable, probablemente se hace cargo de cosas que no le corresponden a veces para remediar una culpa o para generar alguna; y cuando dice que es "muy" sincera, puede ser que se escude en esa supuesta virtud para herir a los demás porque en el fondo guarda un resentimiento. 

Detrás de cada exceso o defecto en los valores existe una carencia afectiva, aunque toma tiempo detectarla, asumirla y trabajarla a conciencia.

Además de saber la medida precisa de un valor, es muy importante saberlos combinar, por ejemplo a la sinceridad agregarle prudencia y caridad, para no lastimar con verdades que no hacen bien.

Los grandes dilemas morales de la vida cotidiana pasan por no saber practicar los valores en las dosis adecuadas y por no tener en cuenta que nadie es honesto o responsable, simplemente actúa con mucha o poca honestidad y con mucha o poca responsabilidad ante determinadas situaciones.

De ahí se deriva otro factor crítico y es el juicio ajeno, porque para los demás uno "debería" haber hecho tal o cual y siempre habrá quejas porque hizo poco o porque hizo mucho.

¿Cuál es entonces la medida precisa de los valores? Lo que te indique tu corazón, ese infalible detector de mentiras que tenemos los seres humanos. 

El corazón no miente, así que manos a la obra a evaluar y admitir cómo te sientes frente a la responsabilidad, la generosidad, la sinceridad, el respeto y otros valores que sientes que estás practicando más de lo que deberías o menos de lo que quisieras. 

Si el problema es exceso de responsabilidad y estás sobrecargado con deberes ajenos, pues a liberarte de lo que no te corresponde; recuerda mezclar un poco de prudencia y mucho humor para que el traspaso de compromisos sea bonito.

Es relativamente fácil determinar cuáles valores son los que necesitamos y en qué medida debemos practicarlos, sólo basta observar el estado de ánimo propio y el de quienes comparten nuestra vida. Si nos estamos sobrepasando con la "sinceridad" y todo el tiempo le cantamos las verdades a los demás, quizás ya no tienen ganas de escucharnos; si estamos asumiendo las responsabilidades sin seriedad, probablemente hay alguien enojado con nosotros.

Cualquier valor que se tome en exceso o por defecto, se convierte en anti-valor; mucha responsabilidad puede llega a ser totalitarismo, poca responsabilidad abandono, mucha sinceridad puede ser crueldad, baja sinceridad hipocresía.

Hasta la bondad practicada en exceso se puede convertir en tontería y caemos redondos en la manipulación ajena.

Los valores ante todo deben servir para la felicidad y cuando se practican en equilibrio traen grandes recompensas, la más importante, un corazón contento.

"La mucha luz es como la mucha sombra: 
no deja ver".
Octavio Paz
Poeta y ensayista mexicano
1914 - 1998





jueves, 1 de diciembre de 2016

Basta de disciplina!




Tanto que se le martilla a los chicos con anti valores como la disciplina y la obediencia en casa como en los colegios, habla de una sociedad que en el fondo apoya los modelos militares y totalitarios que no permiten la libre expresión y parece que aborrecen la diversidad, se obsesionan con la uniformidad.

¿Cuál es el modelo de ciudadano que estamos promoviendo desde instituciones que se rigen por voces enérgicas apegadas a las normas? ¿Acaso no estamos forjando futuros dictadores de hogares, empresas y países?

A los valores hay que ponerles pureza de intención; la disciplina por sí misma no sirve para nada porque los delincuentes más exitosos la tienen y muy marcada, por eso son rigurosos en sus planes. 

Miremos las intenciones, el propósito de lo que estamos inculcando en los chicos. ¿Queremos que tengan disciplina sin que usen su cerebro ni tengan una noción clara del bien y del mal para que luego vayan como borregos a su propia infelicidad?

¿Nos da miedo ser juzgados por los chicos y levantamos muros de autoridad para que no vengan a cuestionar nada? Esos son los futuros ciudadanos que luego tragan entero todas las disposiciones, todas las leyes y todas las ordenanzas sin pensar, sin entender por qué y para qué deben hacer o no hacer algo.

Las artes en general y la música en particular, son los mejores medios para inculcar valores; se requiere paciencia, comprensión y libertad para que cada chico encuentre con qué rama del arte está conectada su alma y se pueda dedicar con VOCACIÓN; la tan anhelada disciplina con la que sueñan tantos padres y maestros y que yo prefiero llamarle DEDICACIÓN, llega sola, cuando se quiere alcanzar el virtuosismo y no hace falta que nadie grite ni amenace a ningún chico, su propia motivación lo llevará con entusiasmo y alegría, si así lo permiten los adultos.

Entonces, en vez de tanto sermón religioso y moral, pongamos en las manos de los chicos y con mucho amor, instrumentos de arte y permitamos que se eleve su espíritu.

Un salón para bailar con libertad, música de calidad, un pincel, acuarelas, un lienzo, una guitarra, un tambor, una flauta, algo que lleve a la niña, el niño o el adolescente a sacar lo que ya tiene en su propio ser; los valores florecerán si nadie pisa la flor.


"El niño que tiene libertad y oportunidad 
de manipular y usar su mano en una forma lógica, con consecuencias y usando elementos reales, desarrolla una fuerte personalidad".
Maria Montessori
Científica, Médica, Piscóloga, Filósofa y Pedagoga italiana.
1870 - 1952 




lunes, 14 de noviembre de 2016

El amor como principio



Cada ser humano trae en su programación mental y emocional; una noción de lo que significa el respeto o la sinceridad; aun desde bebés, sabemos que la agresión no es lo correcto, lo que pasa es que la única forma de manifestar nuestro descontento es el llanto.

Si a un bebé se le trata con dulzura y se tiene como principio jamás golpearlo o insultarlo, difícilmente el futuro adulto va a aceptar la violencia como camino. 

¿Entonces todos los violentos vienen de crianzas violentas? Es muy probable que sí, o por lo menos existen mayores probabilidades que que sea de esa manera. De ahí la importancia de fijar principios, que son las estructuras de los valores; si en un hogar se tiene como principio la no agresión verbal ni física, ya se tiene hecho un gran recorrido de lo que significa el respeto aunque no es suficiente para inculcarlo.

Como su nombre lo indica, los principios hablan de un orden de las cosas, y en ese orden de ideas el amor es el gran principio, porque donde hay amor hay respeto, hay comprensión, hay equidad, sinceridad.

No obstante, el amor es un sentimiento y como tal, está estrechamente ligado a las vivencias particulares, de la forma en que cada cual aprende lo que es el amor, se determina lo que luego se deriva de éste en términos de valores humanos.

Al tener el amor como principio, el discurso de los valores resulta breve, porque todo se hace en nombre del amor, siempre y cuando sus efectos también sean positivos. No se puede argumentar que se golpea o se maltrata a otro por amor.

El amor verdadero es el camino más corto para poner en práctica cualquier valor humano y desde todo tipo de creencias; lo que sucede es que no se habla de amor en un mundo invadido por el materialismo,  sencillamente no tiene lugar cuando lo que cuenta es la imagen, el curriculum, las posesiones, no los sentimientos.

Antes que echar mano de libros sagrados y largos discursos morales para enseñar y practicar valores, lo que conviene revisar es lo que cada uno piensa del amor, y en especial del amor por el prójimo.

Qué tanto entendemos lo que significa el amor y que tan dispuestos estamos a expresarlo armónica e incondicionalmente. 

"Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; 
si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; 
si perdonas, perdonarás con amor".
San Agustín
354 - 430
Obispo y Filósofo


viernes, 30 de septiembre de 2016

Aprendiendo a actuar con solidaridad

La solidaridad es la capacidad de movilizarnos para ayudar a quien nos necesita; se diferencia de la caridad, que expresa nuestra capacidad de desprendernos de algo para entregarlo a otro.

No basta con preocuparnos y pensar en el otro, la verdadera solidaridad exige que actuemos, que aportemos nuestro tiempo y esfuerzo, aunque no brindemos nada material.

El simple hecho de reconocer la situación de dificultad de otro y abrazarlo en su abatimiento, ya es un gesto de solidaridad.

No hay que esperar a que lleguen desgracias para salir a ayudar a los demás, basta con recordar quién nos ha pedido algún tipo de ayuda y revisar sinceramente si nos hemos movilizado, si de verdad hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance cuando alguien nos buscó.

El miedo y la falta de paz interior nos impide actuar para ayudar a otros; el miedo a involucrarnos en problemas ajenos, miedo a hacernos cargo de asuntos que creemos que no nos competen. Y si la conciencia está revuelta y confundida y tenemos algún rencor guardado con quien nos necesita, entonces no vamos a poder ayudar.

No se trata de ir por el mundo supliendo necesidades ajenas que hay por millones, sino de estar atentos a quien nos pide algo, al prójimo, al que tenemos cerca que no siempre necesita dinero, puede ser un trámite, un objeto prestado, un contacto, alguna recomendación y por más que nos dé pereza o tal vez disgusto porque nos pidan favores, en eso consiste la solidaridad, en actuar, en pasar de los buenos deseos a las buenas obras sin juzgar al otro.

"La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; 
la solidaridad es horizontal 
e implica respeto mutuo."
Eduardo Galeano
Periodista y escritor uruguayo
1940 - 2015



martes, 13 de septiembre de 2016

Los verdaderos valores

Gran parte de los conflictos humanos se originan en la tergiversación de los valores, en reclamarnos entre nosotros honestidad, responsabilidad, humildad y bondad sin saber exactamente lo que significa cada concepto y exigiendo su cumplimiento desde nuestros propios prejuicios, lo que nosotros creemos que "Debe ser".  Nos juzgamos muy rápido y no damos espacio a entender, ni siquiera a escuchar al otro y así vamos condenando a propios y extraños al olvido o al destierro.

¿Por cuál valor podemos comenzar? Por ese que estamos reclamando. Si tu mayor dolor emocional está relacionado con la irresponsabilidad de otro, entonces ponte a trabajar en el valor de la responsabilidad y atraviésale la visión espiritual, para que el ejercicio sea completo. Sin ir a libros sagrados ni normas de las iglesias, pregúntale a tu corazón: ¿Con qué derecho juzgas a otro? ¿Acaso hay alguien que no se equivoque? ¿Tú nunca te equivocas? ¿ Y esa irresponsabilidad que señalas en el otro, acaso no te obliga a buscar otros caminos? Y si tu conflicto está con la deshonestidad de otros...¿No existe un juez supremo que tarde o temprano se encarga de hacer justicia?

Esa fuerza que nos mantiene con vida, que a mi me gusta reconocer como Dios, nos da una gran lección de comprensión, porque permite que cada cual haga lo que quiera y aprenda las lecciones de sus propios errores que no son castigo divino, son consecuencia de nuestros actos que nos cuesta reconocer.

"Toda acción tiene una reacción", dice un principio de la Física, entonces es fácil, se trata de hacer un propósito profundo de encaminar todas las acciones hacia el bien, hacia la bondad, la humildad y ser nuestros propios vigilantes, sin que nadie venga a calificarnos, para eso estamos dotados de CONCIENCIA, esa alarma interna que no nos gusta escuchar o que ignoramos, pero que irremediablemente se activa cuando obramos en contravía de la esencia de nuestro corazón creado para el amor, no para el odio.

Los verdaderos valores son esos sentimientos que se disparan en el corazón frente a algunas situaciones y que son distintos para cada persona; lo que a unos les parece malo a otros les puede parecer bueno. ¿Y cuál es entonces la medida de los valores? El bien que desencadenan. Nada que conduzca al dolor o al sufrimiento ajeno puede ser considerado un valor, así se haga en nombre del bien. No es coherente decir que hacemos esto o aquello por el bien del otro, si vemos que el otro sufre. Abramos los ojos de verdad verdad y observemos lo que estamos generando en las demás personas, si estamos causando daño entonces hay un valor que no estamos comprendiendo. Y la solución no está en el otro, está en nosotros, en nuestra capacidad de torcer el timón y salirnos de ese cruce de caminos, del conflicto que nos ata a otro.

Apartarse a reflexionar en busca de respuestas profundas es la práctica más efectiva que existe; ahí, en medio de la observación de nuestros propios sentimientos afloran nuestros verdaderos valores, lo que de verdad queremos y soñamos.

Los verdaderos valores no están en las religiones ni las iglesias, ni en los manuales de convivencia o en la leyes; esos son caminos opcionales. Los verdaderos valores están grabados en lo profundo del ama humana; venimos a dar amor, a crear y a servir, todo lo demás son laberintos mentales para perdernos en discusiones absurdas con falsos dioses que se alimentan de nuestro miedo.

El gran valor de los valores es el AMOR y el amor, desde un punto de vista holístico, es una vibración de gozo, de complacencia con algo o alguien. Sólo basta revisar que tan conforme estás con lo que haces, con lo que dices, con la forma en que vives, con el entorno en el que te mueves, con cuánto te quejas.

El amor por sí solo desencadena todos los demás valores, porque el que ama no engaña, no miente, no adultera, no esconde, no quita, no roba. El grave problema es que tampoco entendemos el amor o lo entendemos mal, creyendo que es posesión.

El amor se relaciona con la libertad, si hay esclavitud no hay amor.  El que ama, ama y punto, aunque en el fondo espere algo a cambio y quizás no sea correspondido como quiere, se conforma con saber que ama, que su corazón es capaz de sentir amor.

"Amaos los unos a los otros"
Jesús




viernes, 5 de agosto de 2016

Master en corrupción

Estamos en la etapa más decadente del materialismo, muchos se aferran a los bienes materiales que poseen y hacen lo que sea por conservarlos; mentir, robar y hasta matar.

Cada día se sabe de un nuevo caso de corrupción en el que están involucradas personas con alto nivel social y de escolaridad, que ostentan pomposos títulos académicos obtenidos en prestigiosos colegios y universidades y  que precisamente les han servido para moverse en ambientes "selectos".

¿En dónde aprendieron a robar estos doctores con PHD y Master? ¿Qué pensaran en la intimidad de su hogar y cuando miran a los ojos a sus seres queridos?

Por los escandalosos montos, resulta claro que los corruptos con doctorado van por botines grandes y tienen bien trazados los planes, de tal forma que si los llegan a atrapar, también tienen lista la defensa, en la que por supuesto participan otros doctores con otros tantos diplomas aunque su mayor expertise está en conocer los entramados de los sistemas judiciales para precisamente burlarlos.

Así, la corrupción de alto nivel está sucediendo entre doctorísimos, que arreglan todo con lobby, viajes y almuerzos. Los chicos malos con antifaz corriendo con una bolsa al hombro quedaron obsoletos, los grandes ladrones pasean por las grandes ciudades del mundo mientras sus doctores se entienden con la "justicia", total, "Hay para todos".

Resulta curioso que se conozcan casos de corrupción de personajes públicos cuando éstos han pasado de los 50, 60 y hasta 70 años, como si eso también estuviera fríamente calculado. Una de dos, no pueden más con la conciencia y terminan contando sus fechorías a sus círculos inmediatos en los que siempre hay algún delator o por la edad, las neuronas comienzan a fallarles y cometen imprudencias que los delatan, justo cuando cuentan con una fortuna lo suficientemente grande como para pagar la condena y salir a vacacionar por el resto de la vejez. 

¿Será que en su proyecto de vida están incluidos el cubrimiento mediático que los hace más famosos y los dos o tres años de cárcel que resisten con aparente dignidad porque al final habrá una isla, un yate o un palacio y muchos sirvientes esperándolos para superar el trauma? 

¿Será que los doctorados incluyen la materia de "Corrupción"?

"La corrupción del alma 
es más vergonzosa que la del cuerpo"
José María Vargas Vila
1840 - 1933
Escritor colombiano


martes, 2 de agosto de 2016

Valores personales e intrasferibles

Los valores, al igual que los talentos, son personales; hay quienes tienen más desarrollada la responsabilidad que el orden o el coraje que la generosidad. 

El error en el que caemos es pretender que todas las personas tengan todos los valores y en alta escala; los valores son capacidades que se desarrollan, se atrofian o se suprimen de manera individual, de acuerdo con la historia particular, aquello con lo que ha sido irradiado un individuo desde su infancia, aquello que trae en su ADN moral y emocional y el grado de conciencia que alcanza de sí mismo, de su proyecto de vida y de su "realidad".

Desde la más tierna infancia es posible observar cuáles valores están y cuáles valores no están latentes en una persona pero no para condenarla sino para exaltar los que tiene plenamente manifiestos y acompañarlo a despertar otros que quizás no reconoce.

Ojalá muchos padres, madres, abuelos, maestros y en general adultos a cargo de chicos puedan tener otra visión y aprendan a reconocer primero que todo sus propios valores y luego los de los demás, invirtiendo el absurdo modelo militar en el que estamos hace ya varios siglos en el que imperan falsos valores como la disciplina, la obediencia y la obsesión por el totalitarismo y pasemos a ver la diversidad que está en la Naturaleza y en los propios valores. 

Cada cual tiene sus valores y no todos los valores son éticos y morales, algunos son simplemente humanos como la alegría, el entusiasmo y el amor, que es el que enaltece nuestra especie.

"La belleza del universo 
no es sólo la unidad en la variedad 
sino también la diversidad en la unidad"
Umberto Eco
Escritor y filósofo italiano
1932 - 2016

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