viernes, 30 de septiembre de 2016

Aprendiendo a actuar con solidaridad

La solidaridad es la capacidad de movilizarnos para ayudar a quien nos necesita; se diferencia de la caridad, que expresa nuestra capacidad de desprendernos de algo para entregarlo a otro.

No basta con preocuparnos y pensar en el otro, la verdadera solidaridad exige que actuemos, que aportemos nuestro tiempo y esfuerzo, aunque no brindemos nada material.

El simple hecho de reconocer la situación de dificultad de otro y abrazarlo en su abatimiento, ya es un gesto de solidaridad.

No hay que esperar a que lleguen desgracias para salir a ayudar a los demás, basta con recordar quién nos ha pedido algún tipo de ayuda y revisar sinceramente si nos hemos movilizado, si de verdad hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance cuando alguien nos buscó.

El miedo y la falta de paz interior nos impide actuar para ayudar a otros; el miedo a involucrarnos en problemas ajenos, miedo a hacernos cargo de asuntos que creemos que no nos competen. Y si la conciencia está revuelta y confundida y tenemos algún rencor guardado con quien nos necesita, entonces no vamos a poder ayudar.

No se trata de ir por el mundo supliendo necesidades ajenas que hay por millones, sino de estar atentos a quien nos pide algo, al prójimo, al que tenemos cerca que no siempre necesita dinero, puede ser un trámite, un objeto prestado, un contacto, alguna recomendación y por más que nos dé pereza o tal vez disgusto porque nos pidan favores, en eso consiste la solidaridad, en actuar, en pasar de los buenos deseos a las buenas obras sin juzgar al otro.

"La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; 
la solidaridad es horizontal 
e implica respeto mutuo."
Eduardo Galeano
Periodista y escritor uruguayo
1940 - 2015



martes, 13 de septiembre de 2016

Los verdaderos valores

Gran parte de los conflictos humanos se originan en la tergiversación de los valores, en reclamarnos entre nosotros honestidad, responsabilidad, humildad y bondad sin saber exactamente lo que significa cada concepto y exigiendo su cumplimiento desde nuestros propios prejuicios, lo que nosotros creemos que "Debe ser".  Nos juzgamos muy rápido y no damos espacio a entender, ni siquiera a escuchar al otro y así vamos condenando a propios y extraños al olvido o al destierro.

¿Por cuál valor podemos comenzar? Por ese que estamos reclamando. Si tu mayor dolor emocional está relacionado con la irresponsabilidad de otro, entonces ponte a trabajar en el valor de la responsabilidad y atraviésale la visión espiritual, para que el ejercicio sea completo. Sin ir a libros sagrados ni normas de las iglesias, pregúntale a tu corazón: ¿Con qué derecho juzgas a otro? ¿Acaso hay alguien que no se equivoque? ¿Tú nunca te equivocas? ¿ Y esa irresponsabilidad que señalas en el otro, acaso no te obliga a buscar otros caminos? Y si tu conflicto está con la deshonestidad de otros...¿No existe un juez supremo que tarde o temprano se encarga de hacer justicia?

Esa fuerza que nos mantiene con vida, que a mi me gusta reconocer como Dios, nos da una gran lección de comprensión, porque permite que cada cual haga lo que quiera y aprenda las lecciones de sus propios errores que no son castigo divino, son consecuencia de nuestros actos que nos cuesta reconocer.

"Toda acción tiene una reacción", dice un principio de la Física, entonces es fácil, se trata de hacer un propósito profundo de encaminar todas las acciones hacia el bien, hacia la bondad, la humildad y ser nuestros propios vigilantes, sin que nadie venga a calificarnos, para eso estamos dotados de CONCIENCIA, esa alarma interna que no nos gusta escuchar o que ignoramos, pero que irremediablemente se activa cuando obramos en contravía de la esencia de nuestro corazón creado para el amor, no para el odio.

Los verdaderos valores son esos sentimientos que se disparan en el corazón frente a algunas situaciones y que son distintos para cada persona; lo que a unos les parece malo a otros les puede parecer bueno. ¿Y cuál es entonces la medida de los valores? El bien que desencadenan. Nada que conduzca al dolor o al sufrimiento ajeno puede ser considerado un valor, así se haga en nombre del bien. No es coherente decir que hacemos esto o aquello por el bien del otro, si vemos que el otro sufre. Abramos los ojos de verdad verdad y observemos lo que estamos generando en las demás personas, si estamos causando daño entonces hay un valor que no estamos comprendiendo. Y la solución no está en el otro, está en nosotros, en nuestra capacidad de torcer el timón y salirnos de ese cruce de caminos, del conflicto que nos ata a otro.

Apartarse a reflexionar en busca de respuestas profundas es la práctica más efectiva que existe; ahí, en medio de la observación de nuestros propios sentimientos afloran nuestros verdaderos valores, lo que de verdad queremos y soñamos.

Los verdaderos valores no están en las religiones ni las iglesias, ni en los manuales de convivencia o en la leyes; esos son caminos opcionales. Los verdaderos valores están grabados en lo profundo del ama humana; venimos a dar amor, a crear y a servir, todo lo demás son laberintos mentales para perdernos en discusiones absurdas con falsos dioses que se alimentan de nuestro miedo.

El gran valor de los valores es el AMOR y el amor, desde un punto de vista holístico, es una vibración de gozo, de complacencia con algo o alguien. Sólo basta revisar que tan conforme estás con lo que haces, con lo que dices, con la forma en que vives, con el entorno en el que te mueves, con cuánto te quejas.

El amor por sí solo desencadena todos los demás valores, porque el que ama no engaña, no miente, no adultera, no esconde, no quita, no roba. El grave problema es que tampoco entendemos el amor o lo entendemos mal, creyendo que es posesión.

El amor se relaciona con la libertad, si hay esclavitud no hay amor.  El que ama, ama y punto, aunque en el fondo espere algo a cambio y quizás no sea correspondido como quiere, se conforma con saber que ama, que su corazón es capaz de sentir amor.

"Amaos los unos a los otros"
Jesús




viernes, 5 de agosto de 2016

Master en corrupción

Estamos en la etapa más decadente del materialismo, muchos se aferran a los bienes materiales que poseen y hacen lo que sea por conservarlos; mentir, robar y hasta matar.

Cada día se sabe de un nuevo caso de corrupción en el que están involucradas personas con alto nivel social y de escolaridad, que ostentan pomposos títulos académicos obtenidos en prestigiosos colegios y universidades y  que precisamente les han servido para moverse en ambientes "selectos".

¿En dónde aprendieron a robar estos doctores con PHD y Master? ¿Qué pensaran en la intimidad de su hogar y cuando miran a los ojos a sus seres queridos?

Por los escandalosos montos, resulta claro que los corruptos con doctorado van por botines grandes y tienen bien trazados los planes, de tal forma que si los llegan a atrapar, también tienen lista la defensa, en la que por supuesto participan otros doctores con otros tantos diplomas aunque su mayor expertise está en conocer los entramados de los sistemas judiciales para precisamente burlarlos.

Así, la corrupción de alto nivel está sucediendo entre doctorísimos, que arreglan todo con lobby, viajes y almuerzos. Los chicos malos con antifaz corriendo con una bolsa al hombro quedaron obsoletos, los grandes ladrones pasean por las grandes ciudades del mundo mientras sus doctores se entienden con la "justicia", total, "Hay para todos".

Resulta curioso que se conozcan casos de corrupción de personajes públicos cuando éstos han pasado de los 50, 60 y hasta 70 años, como si eso también estuviera fríamente calculado. Una de dos, no pueden más con la conciencia y terminan contando sus fechorías a sus círculos inmediatos en los que siempre hay algún delator o por la edad, las neuronas comienzan a fallarles y cometen imprudencias que los delatan, justo cuando cuentan con una fortuna lo suficientemente grande como para pagar la condena y salir a vacacionar por el resto de la vejez. 

¿Será que en su proyecto de vida están incluidos el cubrimiento mediático que los hace más famosos y los dos o tres años de cárcel que resisten con aparente dignidad porque al final habrá una isla, un yate o un palacio y muchos sirvientes esperándolos para superar el trauma? 

¿Será que los doctorados incluyen la materia de "Corrupción"?

"La corrupción del alma 
es más vergonzosa que la del cuerpo"
José María Vargas Vila
1840 - 1933
Escritor colombiano


martes, 2 de agosto de 2016

Valores personales e intrasferibles

Los valores, al igual que los talentos, son personales; hay quienes tienen más desarrollada la responsabilidad que el orden o el coraje que la generosidad. 

El error en el que caemos es pretender que todas las personas tengan todos los valores y en alta escala; los valores son capacidades que se desarrollan, se atrofian o se suprimen de manera individual, de acuerdo con la historia particular, aquello con lo que ha sido irradiado un individuo desde su infancia, aquello que trae en su ADN moral y emocional y el grado de conciencia que alcanza de sí mismo, de su proyecto de vida y de su "realidad".

Desde la más tierna infancia es posible observar cuáles valores están y cuáles valores no están latentes en una persona pero no para condenarla sino para exaltar los que tiene plenamente manifiestos y acompañarlo a despertar otros que quizás no reconoce.

Ojalá muchos padres, madres, abuelos, maestros y en general adultos a cargo de chicos puedan tener otra visión y aprendan a reconocer primero que todo sus propios valores y luego los de los demás, invirtiendo el absurdo modelo militar en el que estamos hace ya varios siglos en el que imperan falsos valores como la disciplina, la obediencia y la obsesión por el totalitarismo y pasemos a ver la diversidad que está en la Naturaleza y en los propios valores. 

Cada cual tiene sus valores y no todos los valores son éticos y morales, algunos son simplemente humanos como la alegría, el entusiasmo y el amor, que es el que enaltece nuestra especie.

"La belleza del universo 
no es sólo la unidad en la variedad 
sino también la diversidad en la unidad"
Umberto Eco
Escritor y filósofo italiano
1932 - 2016

miércoles, 27 de julio de 2016

¿Cuándo cambiaron los valores?

"Se perdieron los valores" es una frase que oigo con alguna frecuencia y en distintos contextos; es como si existiera una nostalgia colectiva por un ser humano que ya no existe más. ¿Acaso hubo un momento y un hecho específico para que eso que llamamos valores haya desaparecido? 

Los valores cambiaron cuando el dinero se puso por encima de todo; llegó el afán de conseguirlo, el delirio de mostrarlo, la ambición de acumularlo y el miedo a perderlo. 

La creencia extendida es que el dinero lo soluciona todo y que sin dinero no es posible hacer nada; el dinero define lo que se hace y lo que no se hace. 

Que gran contradicción que la mayoría de la población mundial diga creer en Dios desde tal o cual religión, cuando en realidad lo que se venera es el dinero y todo lo material que se puede obtener con él,  en pequeña y gran escala. 

Llevar un regalo a una fiesta ya no es problema, se meten unos billetes en un sobre y se soluciona; no tener tiempo para los hijos, la pareja o los amigos, también se soluciona con la billetera. 

Hoy, todo está atravesado por el culto al dinero y es lógico porque estamos inmersos en tres túneles sin aparente salida: Capitalismo, Materialismo y Consumismo.

La buena noticia es que ese sistema basado en la ciencia mecanicista que todo lo pesa, lo mide y lo cuantifica, se está derrumbando y estamos entrando en otra Era, la de las ciencias del espíritu o espiritualidad científica, que transformará todas las creencias, no sólo las religiosas. 

Primarán los valores del espíritu y despertará nuestra conciencia para equilibrar el uso de todos los recursos.

El amor incondicional será la puerta para entrar al mundo de la bondad, la humildad, el servicio, la generosidad y tantos otros valores que están latentes en todos los seres humanos. 

martes, 19 de abril de 2016

Los Valores y la Salud

Los valores, no sólo inciden en la calidad de nuestra convivencia con otras personas, también tienen un alto impacto en nuestra salud y en general en la armonía de nuestra vida.

Los humanos irradiamos energía electromagnética, es por eso que nos pueden hacer electrocardiogramas, electroencefalogramas y otros diagnósticos de resonancia magnética.  Cuando faltamos a los valores, por ejemplo, cuando decimos una mentira, se produce una especie de descarga energética que impacta directamente en nuestro cuerpo y nuestra área vital, los ambientes en los que nos desenvolvemos. 

Al mentir, hay una incoherencia entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos y nuestra conciencia, que actúa como un sistema de alerta, lo detecta. La mentira llega al alma y distorsiona el cuerpo, es por eso que una persona que miente sistemáticamente termina manifestando dolencias físicas.

En un sentido inverso, las alteraciones de  salud son una evidencia de que hay valores desajustados, puede ser por exceso o por defecto, porque los valores también tienen escalas particulares, cada cual sabe cual es su medida de bondad o responsabilidad según el bienestar o el malestar que experimente. 

En consecuencia, no basta con querer ser bueno, ante todo es urgente saber discernir y entender de manera consciente el valor de la bondad o cualquier otro valor derivado.

Si quieres tener buena salud física, mental y emocional, y deseas que tu campo energético sea transparente, comprométete contigo mismo a actuar con valores, que equivale a decir la verdad, a asumir tus responsabilidades, a prestar ayuda al que te lo pide, a respetar la dignidad y los bienes de los demás, a colaborar, a actuar con humildad y muchas otras acciones que reflejan en últimas tu grado de amor por el prójimo, principio y fin de todos los valores humanos. 

viernes, 1 de abril de 2016

La ruta de la felicidad

Los valores están directamente relacionados con la felicidad; nada se compara con la satisfacción de hacer el bien, de ayudar, de guardar un secreto, de colaborar en un proyecto, de crear algo útil; así no recibamos aplausos, adentro, el corazón late de orgullo por nosotros mismos. 

De igual forma, cuando actuamos de manera incorrecta, la conciencia funciona como un antivirus que nos dice una y otra vez los errores que estamos cometiendo y nos dispara alarmas para que los corrijamos. Lo que pasa es que no tenemos la suficiente Educación Emocional para asumir errores, no sabemos cómo pedir disculpas o nos creemos más vivos que los demás y pensamos que no se dieron cuenta. También puede pasar que no nos importe, que la soberbia nos domine y en vez de corregir, persistamos en el error.

La conciencia entonces le delega la tarea al inconsciente, a ese otro nivel que ya no percibimos dentro de nuestra realidad y empieza a manifestarse en la materia; llegan las enfermedades, las dificultades, las adversidades. Todo por no admitir que nos estamos equivocando y que no atendimos el semáforo en amarillo.

Por soberbia o por descuido, vamos echando al inconsciente esos errores, esas conductas inapropiadas que lastimaron a alguien o que dañaron la propiedad de alguien; tarde o temprano, en este mundo energético, esa mala vibración de desajuste se expresa, la mayoría de las veces con ira, con nerviosismo y hasta con abuso hacia los demás.

Cuando faltamos a la verdad, cuando fabricamos falsos relatos, cuando no reconocemos la verdad ajena, cuando dañamos a otro, la herida la causamos adentro y empezamos a cavar un hueco profundo y oscuro del que sólo podemos salir admitiendo los errores con humildad y sincero propósito de enmienda.

El grave problema es que en ese proceso se nos atraviesan las creencias de toda índole, sean morales, religiosas, políticas y hasta económicas. "Si digo la verdad, pierdo el cliente", "Si admito la infidelidad, pierdo la pareja", "Si reconozco mi arrogancia, pierdo poder". 

La ruta más corta hacia la felicidad se traza a partir de la decisión consciente de vivir con valores. Y no sirven los sermones morales ni las amenazas, cada cual debe pasar por la experiencia de confrontarse a sí mismo, aunque en el intento muchos fracasen y saquen otra bandera como la enfermedad, porque el cuerpo termina exhibiendo lo que creíamos haber ocultado en el alma.

"La verdad os hará libres", claro que sí, el que dice la verdad no está prisionero de sus propias mentiras.

"El que nada debe nada teme", por supuesto, si uno no hizo nada con mala intención no tiene por qué esperar una venganza, puede haber más comprensión.

Vivir con valores es una determinación profunda que exige alta disciplina sobre todo para aprender a reconocer las alarmas de la conciencia a tiempo y obedecer al corazón; si algo te hace ruido por allá en el fondo de tu alma, detente, corrige la situación, no avances por ahí, intenta ir por la ruta de la transparencia y haz siempre lo que te dicte tu corazón porque ese diálogo es privado, así como te felicita también te persigue.

En cualquier momento puedes abandonar el camino de la mentira, el abuso, el engaño, el robo y emprender la ruta de la felicidad que se forja a partir de la verdad, el respeto, la sinceridad, la solidaridad, la comprensión. Se requiere fortaleza interior y ayuda divina, por eso es importante acompañar un proceso de restauración de valores de un despertar espiritual libre y genuino, para entender que lo que llamamos pecado es un virus interno que nos carcome y que el infierno no es un lugar al que vamos cuando morimos sino un mundo oscuro de confusión y conflicto que nosotros mismos labramos en ésta vida.

Si quieres te acompaño a trazar la ruta de tu felicidad y a restaurar los valores de tu alma. También diseño talleres y jornadas de restauración de valores humanos para colegios y empresas. Escríbeme a dulcinea.despierta@gmail.com










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