viernes, 5 de agosto de 2016

Master en corrupción

Estamos en la etapa más decadente del materialismo, muchos se aferran a los bienes materiales que poseen y hacen lo que sea por conservarlos; mentir, robar y hasta matar.

Cada día se sabe de un nuevo caso de corrupción en el que están involucradas personas con alto nivel social y de escolaridad, que ostentan pomposos títulos académicos obtenidos en prestigiosos colegios y universidades y  que precisamente les han servido para moverse en ambientes "selectos".

¿En dónde aprendieron a robar estos doctores con PHD y Master? ¿Qué pensaran en la intimidad de su hogar y cuando miran a los ojos a sus seres queridos?

Por los escandalosos montos, resulta claro que los corruptos con doctorado van por botines grandes y tienen bien trazados los planes, de tal forma que si los llegan a atrapar, también tienen lista la defensa, en la que por supuesto participan otros doctores con otros tantos diplomas aunque su mayor expertise está en conocer los entramados de los sistemas judiciales para precisamente burlarlos.

Así, la corrupción de alto nivel está sucediendo entre doctorísimos, que arreglan todo con lobby, viajes y almuerzos. Los chicos malos con antifaz corriendo con una bolsa al hombro quedaron obsoletos, los grandes ladrones pasean por las grandes ciudades del mundo mientras sus doctores se entienden con la "justicia", total, "Hay para todos".

Resulta curioso que se conozcan casos de corrupción de personajes públicos cuando éstos han pasado de los 50, 60 y hasta 70 años, como si eso también estuviera fríamente calculado. Una de dos, no pueden más con la conciencia y terminan contando sus fechorías a sus círculos inmediatos en los que siempre hay algún delator o por la edad, las neuronas comienzan a fallarles y cometen imprudencias que los delatan, justo cuando cuentan con una fortuna lo suficientemente grande como para pagar la condena y salir a vacacionar por el resto de la vejez. 

¿Será que en su proyecto de vida están incluidos el cubrimiento mediático que los hace más famosos y los dos o tres años de cárcel que resisten con aparente dignidad porque al final habrá una isla, un yate o un palacio y muchos sirvientes esperándolos para superar el trauma? 

¿Será que los doctorados incluyen la materia de "Corrupción"?

"La corrupción del alma 
es más vergonzosa que la del cuerpo"
José María Vargas Vila
1840 - 1933
Escritor colombiano


martes, 2 de agosto de 2016

Valores personales e intrasferibles

Los valores, al igual que los talentos, son personales; hay quienes tienen más desarrollada la responsabilidad que el orden o el coraje que la generosidad. 

El error en el que caemos es pretender que todas las personas tengan todos los valores y en alta escala; los valores son capacidades que se desarrollan, se atrofian o se suprimen de manera individual, de acuerdo con la historia particular, aquello con lo que ha sido irradiado un individuo desde su infancia, aquello que trae en su ADN moral y emocional y el grado de conciencia que alcanza de sí mismo, de su proyecto de vida y de su "realidad".

Desde la más tierna infancia es posible observar cuáles valores están y cuáles valores no están latentes en una persona pero no para condenarla sino para exaltar los que tiene plenamente manifiestos y acompañarlo a despertar otros que quizás no reconoce.

Ojalá muchos padres, madres, abuelos, maestros y en general adultos a cargo de chicos puedan tener otra visión y aprendan a reconocer primero que todo sus propios valores y luego los de los demás, invirtiendo el absurdo modelo militar en el que estamos hace ya varios siglos en el que imperan falsos valores como la disciplina, la obediencia y la obsesión por el totalitarismo y pasemos a ver la diversidad que está en la Naturaleza y en los propios valores. 

Cada cual tiene sus valores y no todos los valores son éticos y morales, algunos son simplemente humanos como la alegría, el entusiasmo y el amor, que es el que enaltece nuestra especie.

"La belleza del universo 
no es sólo la unidad en la variedad 
sino también la diversidad en la unidad"
Umberto Eco
Escritor y filósofo italiano
1932 - 2016

miércoles, 27 de julio de 2016

¿Cuándo cambiaron los valores?

"Se perdieron los valores" es una frase que oigo con alguna frecuencia y en distintos contextos; es como si existiera una nostalgia colectiva por un ser humano que ya no existe más. ¿Acaso hubo un momento y un hecho específico para que eso que llamamos valores haya desaparecido? 

Los valores cambiaron cuando el dinero se puso por encima de todo; llegó el afán de conseguirlo, el delirio de mostrarlo, la ambición de acumularlo y el miedo a perderlo. 

La creencia extendida es que el dinero lo soluciona todo y que sin dinero no es posible hacer nada; el dinero define lo que se hace y lo que no se hace. 

Que gran contradicción que la mayoría de la población mundial diga creer en Dios desde tal o cual religión, cuando en realidad lo que se venera es el dinero y todo lo material que se puede obtener con él,  en pequeña y gran escala. 

Llevar un regalo a una fiesta ya no es problema, se meten unos billetes en un sobre y se soluciona; no tener tiempo para los hijos, la pareja o los amigos, también se soluciona con la billetera. 

Hoy, todo está atravesado por el culto al dinero y es lógico porque estamos inmersos en tres túneles sin aparente salida: Capitalismo, Materialismo y Consumismo.

La buena noticia es que ese sistema basado en la ciencia mecanicista que todo lo pesa, lo mide y lo cuantifica, se está derrumbando y estamos entrando en otra Era, la de las ciencias del espíritu o espiritualidad científica, que transformará todas las creencias, no sólo las religiosas. 

Primarán los valores del espíritu y despertará nuestra conciencia para equilibrar el uso de todos los recursos.

El amor incondicional será la puerta para entrar al mundo de la bondad, la humildad, el servicio, la generosidad y tantos otros valores que están latentes en todos los seres humanos. 

martes, 19 de abril de 2016

Los Valores y la Salud

Los valores, no sólo inciden en la calidad de nuestra convivencia con otras personas, también tienen un alto impacto en nuestra salud y en general en la armonía de nuestra vida.

Los humanos irradiamos energía electromagnética, es por eso que nos pueden hacer electrocardiogramas, electroencefalogramas y otros diagnósticos de resonancia magnética.  Cuando faltamos a los valores, por ejemplo, cuando decimos una mentira, se produce una especie de descarga energética que impacta directamente en nuestro cuerpo y nuestra área vital, los ambientes en los que nos desenvolvemos. 

Al mentir, hay una incoherencia entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos y nuestra conciencia, que actúa como un sistema de alerta, lo detecta. La mentira llega al alma y distorsiona el cuerpo, es por eso que una persona que miente sistemáticamente termina manifestando dolencias físicas.

En un sentido inverso, las alteraciones de  salud son una evidencia de que hay valores desajustados, puede ser por exceso o por defecto, porque los valores también tienen escalas particulares, cada cual sabe cual es su medida de bondad o responsabilidad según el bienestar o el malestar que experimente. 

En consecuencia, no basta con querer ser bueno, ante todo es urgente saber discernir y entender de manera consciente el valor de la bondad o cualquier otro valor derivado.

Si quieres tener buena salud física, mental y emocional, y deseas que tu campo energético sea transparente, comprométete contigo mismo a actuar con valores, que equivale a decir la verdad, a asumir tus responsabilidades, a prestar ayuda al que te lo pide, a respetar la dignidad y los bienes de los demás, a colaborar, a actuar con humildad y muchas otras acciones que reflejan en últimas tu grado de amor por el prójimo, principio y fin de todos los valores humanos. 

viernes, 1 de abril de 2016

La ruta de la felicidad

Los valores están directamente relacionados con la felicidad; nada se compara con la satisfacción de hacer el bien, de ayudar, de guardar un secreto, de colaborar en un proyecto, de crear algo útil; así no recibamos aplausos, adentro, el corazón late de orgullo por nosotros mismos. 

De igual forma, cuando actuamos de manera incorrecta, la conciencia funciona como un antivirus que nos dice una y otra vez los errores que estamos cometiendo y nos dispara alarmas para que los corrijamos. Lo que pasa es que no tenemos la suficiente Educación Emocional para asumir errores, no sabemos cómo pedir disculpas o nos creemos más vivos que los demás y pensamos que no se dieron cuenta. También puede pasar que no nos importe, que la soberbia nos domine y en vez de corregir, persistamos en el error.

La conciencia entonces le delega la tarea al inconsciente, a ese otro nivel que ya no percibimos dentro de nuestra realidad y empieza a manifestarse en la materia; llegan las enfermedades, las dificultades, las adversidades. Todo por no admitir que nos estamos equivocando y que no atendimos el semáforo en amarillo.

Por soberbia o por descuido, vamos echando al inconsciente esos errores, esas conductas inapropiadas que lastimaron a alguien o que dañaron la propiedad de alguien; tarde o temprano, en este mundo energético, esa mala vibración de desajuste se expresa, la mayoría de las veces con ira, con nerviosismo y hasta con abuso hacia los demás.

Cuando faltamos a la verdad, cuando fabricamos falsos relatos, cuando no reconocemos la verdad ajena, cuando dañamos a otro, la herida la causamos adentro y empezamos a cavar un hueco profundo y oscuro del que sólo podemos salir admitiendo los errores con humildad y sincero propósito de enmienda.

El grave problema es que en ese proceso se nos atraviesan las creencias de toda índole, sean morales, religiosas, políticas y hasta económicas. "Si digo la verdad, pierdo el cliente", "Si admito la infidelidad, pierdo la pareja", "Si reconozco mi arrogancia, pierdo poder". 

La ruta más corta hacia la felicidad se traza a partir de la decisión consciente de vivir con valores. Y no sirven los sermones morales ni las amenazas, cada cual debe pasar por la experiencia de confrontarse a sí mismo, aunque en el intento muchos fracasen y saquen otra bandera como la enfermedad, porque el cuerpo termina exhibiendo lo que creíamos haber ocultado en el alma.

"La verdad os hará libres", claro que sí, el que dice la verdad no está prisionero de sus propias mentiras.

"El que nada debe nada teme", por supuesto, si uno no hizo nada con mala intención no tiene por qué esperar una venganza, puede haber más comprensión.

Vivir con valores es una determinación profunda que exige alta disciplina sobre todo para aprender a reconocer las alarmas de la conciencia a tiempo y obedecer al corazón; si algo te hace ruido por allá en el fondo de tu alma, detente, corrige la situación, no avances por ahí, intenta ir por la ruta de la transparencia y haz siempre lo que te dicte tu corazón porque ese diálogo es privado, así como te felicita también te persigue.

En cualquier momento puedes abandonar el camino de la mentira, el abuso, el engaño, el robo y emprender la ruta de la felicidad que se forja a partir de la verdad, el respeto, la sinceridad, la solidaridad, la comprensión. Se requiere fortaleza interior y ayuda divina, por eso es importante acompañar un proceso de restauración de valores de un despertar espiritual libre y genuino, para entender que lo que llamamos pecado es un virus interno que nos carcome y que el infierno no es un lugar al que vamos cuando morimos sino un mundo oscuro de confusión y conflicto que nosotros mismos labramos en ésta vida.

Si quieres te acompaño a trazar la ruta de tu felicidad y a restaurar los valores de tu alma. También diseño talleres y jornadas de restauración de valores humanos para colegios y empresas. Escríbeme a dulcinea.despierta@gmail.com










sábado, 27 de febrero de 2016

Valores vs Mandamientos

Inmersos como estamos en una cultura marcada por las tradiciones religiosas, resulta casi imposible desligar lo que concebimos como valores de aquellos conceptos que conocemos como Mandamientos; y en el fondo, guardan una estrecha relación, la diferencia es que los mandamientos tienen esa connotación de ordenanza divina emitida por Dios, mientras que los valores, para que sean valores, deben ser el resultado de un proceso consciente de auto regulación, independientemente de si una persona cree o no cree en Dios. 

¿Por qué se involucra a Dios en algo que debería estar absolutamente en el plano humano? ¿Para qué metemos a Dios en los asuntos que podríamos regular entre nosotros?  No robar y No matar son normas apenas lógicas para la sana convivencia de cualquier sociedad, no hace falta agregarle el fanatismo que despierta la religión y que termina siendo el obstáculo para la paz como lo demuestra la historia de la humanidad llena de batallas y guerras aquí y allá, la mayoría de las veces, en nombre de algún dios. 

Los altos índices de corrupción pública y privada que hoy existe en países desarrollados y subdesarrollados demuestran que las religiones no han servido para enseñar valores, la mayor evidencia es que tenemos corruptos de todos los credos. No se entendió el manual, no sirvieron los profesores y falló el método, en casi todas las corrientes religiosas.

¿Entonces cuál es el papel de los Mandamientos? Son letra muerta como las cartas constitucionales, los códigos de policía o las declaraciones universales, que suenan precioso pero no se cumplen, porque tampoco se difunden eficientemente, la  gran mayoría de las personas las desconocen; saben de su existencia cuando las infringen, en parte porque no están incluidas en los programas de la educación formal y sistemática ni hacen parte de la información básica que debería suministrarse al ciudadano por diversos medios. 

La propuesta es que cambiemos de manual, de profesor y de método; la Biblia y otros textos sagrados fueron dejados para entender a Dios y el mundo espiritual, no para regular la vida mundana. Quizás por eso Jesús, sólo propuso un mandamiento: "Amaos los unos a los otros". Si cumpliéramos eso sería suficiente, porque al amarnos no nos robaríamos, no nos insultaríamos y mucho menos nos mataríamos entre nosotros".

Sin embargo, las iglesias de todas las corrientes insisten en largos manuales de comportamiento, siguen poniendo el énfasis en la forma y no en el fondo; en el vestido, el día, la hora, la postura, la jerarquía y otros protocolos que ayudan a crear esa atmósfera de falso misticismo que tienen que tener las religiones para seguir captando ingenuos.

El temor a Dios no funcionó y no va a funcionar para enseñar valores porque la idea que tiene el humano promedio acerca de un ser superior no está basada en el miedo, sino en el amor, incluso en culturas con alto grado de fanatismo y esclavitud religiosa, lo que hace sentido es que Dios nos proteja no que nos mate.

Quienes defienden los modelos pedagógicos y sociales basados en la represión y el temor, son individuos que por lo general se sienten superiores a sus semejantes y los conciben como bestias que hay que domesticar; en otras palabras, no tienen amor por el prójimo, que debería ser el gran objetivo de la educación, después que cada cual estudie para lo que tiene talentos.

El ser humano tiene la capacidad de vivir en comunidad de manera pacífica siempre y cuando en su entorno prime el amor y no el temor, el respeto y no el abuso; por eso la palabra Mandamiento no pega en la conciencia, porque lo que nos parece sensato es que nadie nos obligue a nada, la misma sociedad se encarga de poner límites al que se excede y si no lo hace la sociedad, lo hace la Naturaleza, Dios o el Cosmos, por eso la gran mayoría de los delincuentes no viven una buena vida sino que viven perseguidos y atrincherados en un lugar del que no pueden escapar sino con drogas: su propia conciencia.




martes, 2 de febrero de 2016

Los valores como capacidades

Se espera que una persona sea honesta y eso es imposible; las personas podemos aprender a actuar con honestidad, a saber cuál es el significado de la palabra honestidad y a tener los comportamientos que indican que hemos incorporado dicho valor en nuestra vida. 

Esto sucede con todos los valores, no podemos ser los valores sino actuar con ellos. Resulta complejo que un niño entienda lo que DEBE SER; puede ser más atractivo que aprenda a HACER.

En eso se basa nuestra propuesta, en que veamos los valores como capacidades, porque en últimas seremos reconocidos o juzgados por nuestra capacidad de decir la verdad, de no tomar lo ajeno, de reconocer al otro, de ayudar al otro y un sin fin de acciones  que cuesta tiempo y esfuerzo interiorizar con la mente y el corazón y convertir en hábitos.

Todos tenemos esas capacidades pero no las hemos desarrollado a conciencia ni con el acompañamiento adecuado; son los golpes de la vida, los reveses del destino los que luego nos hacen ver que nos faltó hacer algo o que hicimos algo que no estuvo bien.

¿Tendremos la capacidad de ver los valores como capacidades a desarrollar?

"El ideal no es que un niño acumule conocimientos, 
sino que desarrolle capacidad"
John Dewey
Filósofo, Psicólogo y Profesor
Estados Unidos
1859 - 1952

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