martes, 19 de abril de 2016

Los Valores y la Salud

Los valores, no sólo inciden en la calidad de nuestra convivencia con otras personas, también tienen un alto impacto en nuestra salud y en general en la armonía de nuestra vida.

Los humanos irradiamos energía electromagnética, es por eso que nos pueden hacer electrocardiogramas, electroencefalogramas y otros diagnósticos de resonancia magnética.  Cuando faltamos a los valores, por ejemplo, cuando decimos una mentira, se produce una especie de descarga energética que impacta directamente en nuestro cuerpo y nuestra área vital, los ambientes en los que nos desenvolvemos. 

Al mentir, hay una incoherencia entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos y nuestra conciencia, que actúa como un sistema de alerta, lo detecta. La mentira llega al alma y distorsiona el cuerpo, es por eso que una persona que miente sistemáticamente termina manifestando dolencias físicas.

En un sentido inverso, las alteraciones de  salud son una evidencia de que hay valores desajustados, puede ser por exceso o por defecto, porque los valores también tienen escalas particulares, cada cual sabe cual es su medida de bondad o responsabilidad según el bienestar o el malestar que experimente. 

En consecuencia, no basta con querer ser bueno, ante todo es urgente saber discernir y entender de manera consciente el valor de la bondad o cualquier otro valor derivado.

Si quieres tener buena salud física, mental y emocional, y deseas que tu campo energético sea transparente, comprométete contigo mismo a actuar con valores, que equivale a decir la verdad, a asumir tus responsabilidades, a prestar ayuda al que te lo pide, a respetar la dignidad y los bienes de los demás, a colaborar, a actuar con humildad y muchas otras acciones que reflejan en últimas tu grado de amor por el prójimo, principio y fin de todos los valores humanos. 

viernes, 1 de abril de 2016

La ruta de la felicidad

Los valores están directamente relacionados con la felicidad; nada se compara con la satisfacción de hacer el bien, de ayudar, de guardar un secreto, de colaborar en un proyecto, de crear algo útil; así no recibamos aplausos, adentro, el corazón late de orgullo por nosotros mismos. 

De igual forma, cuando actuamos de manera incorrecta, la conciencia funciona como un antivirus que nos dice una y otra vez los errores que estamos cometiendo y nos dispara alarmas para que los corrijamos. Lo que pasa es que no tenemos la suficiente Educación Emocional para asumir errores, no sabemos cómo pedir disculpas o nos creemos más vivos que los demás y pensamos que no se dieron cuenta. También puede pasar que no nos importe, que la soberbia nos domine y en vez de corregir, persistamos en el error.

La conciencia entonces le delega la tarea al inconsciente, a ese otro nivel que ya no percibimos dentro de nuestra realidad y empieza a manifestarse en la materia; llegan las enfermedades, las dificultades, las adversidades. Todo por no admitir que nos estamos equivocando y que no atendimos el semáforo en amarillo.

Por soberbia o por descuido, vamos echando al inconsciente esos errores, esas conductas inapropiadas que lastimaron a alguien o que dañaron la propiedad de alguien; tarde o temprano, en este mundo energético, esa mala vibración de desajuste se expresa, la mayoría de las veces con ira, con nerviosismo y hasta con abuso hacia los demás.

Cuando faltamos a la verdad, cuando fabricamos falsos relatos, cuando no reconocemos la verdad ajena, cuando dañamos a otro, la herida la causamos adentro y empezamos a cavar un hueco profundo y oscuro del que sólo podemos salir admitiendo los errores con humildad y sincero propósito de enmienda.

El grave problema es que en ese proceso se nos atraviesan las creencias de toda índole, sean morales, religiosas, políticas y hasta económicas. "Si digo la verdad, pierdo el cliente", "Si admito la infidelidad, pierdo la pareja", "Si reconozco mi arrogancia, pierdo poder". 

La ruta más corta hacia la felicidad se traza a partir de la decisión consciente de vivir con valores. Y no sirven los sermones morales ni las amenazas, cada cual debe pasar por la experiencia de confrontarse a sí mismo, aunque en el intento muchos fracasen y saquen otra bandera como la enfermedad, porque el cuerpo termina exhibiendo lo que creíamos haber ocultado en el alma.

"La verdad os hará libres", claro que sí, el que dice la verdad no está prisionero de sus propias mentiras.

"El que nada debe nada teme", por supuesto, si uno no hizo nada con mala intención no tiene por qué esperar una venganza, puede haber más comprensión.

Vivir con valores es una determinación profunda que exige alta disciplina sobre todo para aprender a reconocer las alarmas de la conciencia a tiempo y obedecer al corazón; si algo te hace ruido por allá en el fondo de tu alma, detente, corrige la situación, no avances por ahí, intenta ir por la ruta de la transparencia y haz siempre lo que te dicte tu corazón porque ese diálogo es privado, así como te felicita también te persigue.

En cualquier momento puedes abandonar el camino de la mentira, el abuso, el engaño, el robo y emprender la ruta de la felicidad que se forja a partir de la verdad, el respeto, la sinceridad, la solidaridad, la comprensión. Se requiere fortaleza interior y ayuda divina, por eso es importante acompañar un proceso de restauración de valores de un despertar espiritual libre y genuino, para entender que lo que llamamos pecado es un virus interno que nos carcome y que el infierno no es un lugar al que vamos cuando morimos sino un mundo oscuro de confusión y conflicto que nosotros mismos labramos en ésta vida.

Si quieres te acompaño a trazar la ruta de tu felicidad y a restaurar los valores de tu alma. También diseño talleres y jornadas de restauración de valores humanos para colegios y empresas. Escríbeme a dulcinea.despierta@gmail.com










sábado, 27 de febrero de 2016

Valores vs Mandamientos

Inmersos como estamos en una cultura marcada por las tradiciones religiosas, resulta casi imposible desligar lo que concebimos como valores de aquellos conceptos que conocemos como Mandamientos; y en el fondo, guardan una estrecha relación, la diferencia es que los mandamientos tienen esa connotación de ordenanza divina emitida por Dios, mientras que los valores, para que sean valores, deben ser el resultado de un proceso consciente de auto regulación, independientemente de si una persona cree o no cree en Dios. 

¿Por qué se involucra a Dios en algo que debería estar absolutamente en el plano humano? ¿Para qué metemos a Dios en los asuntos que podríamos regular entre nosotros?  No robar y No matar son normas apenas lógicas para la sana convivencia de cualquier sociedad, no hace falta agregarle el fanatismo que despierta la religión y que termina siendo el obstáculo para la paz como lo demuestra la historia de la humanidad llena de batallas y guerras aquí y allá, la mayoría de las veces, en nombre de algún dios. 

Los altos índices de corrupción pública y privada que hoy existe en países desarrollados y subdesarrollados demuestran que las religiones no han servido para enseñar valores, la mayor evidencia es que tenemos corruptos de todos los credos. No se entendió el manual, no sirvieron los profesores y falló el método, en casi todas las corrientes religiosas.

¿Entonces cuál es el papel de los Mandamientos? Son letra muerta como las cartas constitucionales, los códigos de policía o las declaraciones universales, que suenan precioso pero no se cumplen, porque tampoco se difunden eficientemente, la  gran mayoría de las personas las desconocen; saben de su existencia cuando las infringen, en parte porque no están incluidas en los programas de la educación formal y sistemática ni hacen parte de la información básica que debería suministrarse al ciudadano por diversos medios. 

La propuesta es que cambiemos de manual, de profesor y de método; la Biblia y otros textos sagrados fueron dejados para entender a Dios y el mundo espiritual, no para regular la vida mundana. Quizás por eso Jesús, sólo propuso un mandamiento: "Amaos los unos a los otros". Si cumpliéramos eso sería suficiente, porque al amarnos no nos robaríamos, no nos insultaríamos y mucho menos nos mataríamos entre nosotros".

Sin embargo, las iglesias de todas las corrientes insisten en largos manuales de comportamiento, siguen poniendo el énfasis en la forma y no en el fondo; en el vestido, el día, la hora, la postura, la jerarquía y otros protocolos que ayudan a crear esa atmósfera de falso misticismo que tienen que tener las religiones para seguir captando ingenuos.

El temor a Dios no funcionó y no va a funcionar para enseñar valores porque la idea que tiene el humano promedio acerca de un ser superior no está basada en el miedo, sino en el amor, incluso en culturas con alto grado de fanatismo y esclavitud religiosa, lo que hace sentido es que Dios nos proteja no que nos mate.

Quienes defienden los modelos pedagógicos y sociales basados en la represión y el temor, son individuos que por lo general se sienten superiores a sus semejantes y los conciben como bestias que hay que domesticar; en otras palabras, no tienen amor por el prójimo, que debería ser el gran objetivo de la educación, después que cada cual estudie para lo que tiene talentos.

El ser humano tiene la capacidad de vivir en comunidad de manera pacífica siempre y cuando en su entorno prime el amor y no el temor, el respeto y no el abuso; por eso la palabra Mandamiento no pega en la conciencia, porque lo que nos parece sensato es que nadie nos obligue a nada, la misma sociedad se encarga de poner límites al que se excede y si no lo hace la sociedad, lo hace la Naturaleza, Dios o el Cosmos, por eso la gran mayoría de los delincuentes no viven una buena vida sino que viven perseguidos y atrincherados en un lugar del que no pueden escapar sino con drogas: su propia conciencia.




martes, 2 de febrero de 2016

Los valores como capacidades

Se espera que una persona sea honesta y eso es imposible; las personas podemos aprender a actuar con honestidad, a saber cuál es el significado de la palabra honestidad y a tener los comportamientos que indican que hemos incorporado dicho valor en nuestra vida. 

Esto sucede con todos los valores, no podemos ser los valores sino actuar con ellos. Resulta complejo que un niño entienda lo que DEBE SER; puede ser más atractivo que aprenda a HACER.

En eso se basa nuestra propuesta, en que veamos los valores como capacidades, porque en últimas seremos reconocidos o juzgados por nuestra capacidad de decir la verdad, de no tomar lo ajeno, de reconocer al otro, de ayudar al otro y un sin fin de acciones  que cuesta tiempo y esfuerzo interiorizar con la mente y el corazón y convertir en hábitos.

Todos tenemos esas capacidades pero no las hemos desarrollado a conciencia ni con el acompañamiento adecuado; son los golpes de la vida, los reveses del destino los que luego nos hacen ver que nos faltó hacer algo o que hicimos algo que no estuvo bien.

¿Tendremos la capacidad de ver los valores como capacidades a desarrollar?

"El ideal no es que un niño acumule conocimientos, 
sino que desarrolle capacidad"
John Dewey
Filósofo, Psicólogo y Profesor
Estados Unidos
1859 - 1952

lunes, 23 de febrero de 2015

El valor de la felicidad

Ser feliz es un ideal y también un propósito; en el fondo todos queremos ser felices y de alguna manera todo lo que hacemos consciente o inconscientemente está orientado a buscar ese estado de plenitud, de armonía, de alegría.

Cada cual define su felicidad de acuerdo con su historia de vida y el momento particular en que se encuentra; la felicidad como propósito puede y debe actualizarse las veces que sea necesario.

Muchos factores influyen en la felicidad de una persona y son cambiantes; lo que ayer nos hacía felices, hoy ya no, porque la felicidad siempre es ese techo que le ponemos a nuestras metas y deseos, sean o no materiales. 

Es válido enfocar la felicidad en las cosas materiales, claro que si, somos seres tangibles que precisamos de cosas tangibles para vivir, entonces no es ningún pecado querer un auto, una casa, un yate, el problema es que eso sea lo único importante y se descuide el equilibrio entre lo material y lo espiritual, o lo que es más común, todo el interés se concentre en lo material y la vida gire alrededor de los objetos y no de las personas y los sentimientos.

La felicidad como estado de satisfacción, se basa en la capacidad de generar y sostener momentos de armonía, de alegría,  por eso es tan importante actualizar los sueños, re definir las metas, no quedarnos viviendo de la glorias del pasado, sino seguir forjando nuevas pequeñas conquistas materiales o inmateriales.

Para la mayoría de los seres humanos la felicidad es lo más valioso, por eso estamos dispuestos a hacer lo que sea por alcanzarla y nos entristecemos cuando perdemos la esperanza de obtenerla.

No obstante, la felicidad no es un destino, es un camino, una forma de andar disfrutando del viaje.

"Mi felicidad consiste 
en que sé apreciar lo que tengo 
y no deseo con exceso 
lo que no tengo"
León Tolstoi
1828 - 1910
Escritor ruso

sábado, 21 de febrero de 2015

¿Honestidad o Respeto?

Cada persona tiene su propia escala de valores; la ha desarrollado de manera inconsciente según su naturaleza, su forma particular de ser, la crianza que ha recibido y sus vivencias, que son únicas.

Además de tener un orden y una preferencia con respecto a los valores, cada cual hace uso de lo que necesita para sobrevivir emocionalmente. 

En una situación de peligro en la que hay que salvar la vida, probablemente se justifique mentir o agredir a otro, todo depende del momento.

Los valores no son cadenas de hierro sino delicados hilos con los que tejemos las relaciones y sostenemos nuestro destino.

Los valores deben ser flexibles pero no negociables, es decir, la honestidad no puede admitir medias verdades, pero una verdad puede ser guardada por respeto a otro. 

Entonces no basta con saber en qué consiste la honestidad o el respeto sino en tener la habilidad de saber cuál debe estar primero en determinada circunstancia.

Es absurdo pretender que un ser humano tenga todos los valores todo el tiempo y en su máximo rendimiento, cada uno tiene un valor más desarrollado que otro y hace uso del que cree oportuno.

Es por eso que juzgar no cabe en un proceso de iluminación o de despertar de conciencia, cada cual está en un momento propio de evolución y los demás también.

No obstante, los valores tiene una ruta, una secuencia, y en realidad si tuviéramos incorporada la bondad, los demás vendrían solos. Con la sola intención y el compromiso de hacer el bien seria suficiente entonces para actuar con respeto y con honestidad.

Si nos dieran a elegir entre la verdad o el buen trato, me atrevo a afirmar que la opción sería ser bien tratados y después que venga todo lo demás.

De ahí la importancia de mantener la atención en tratar bien al otro, en escuchar, en no actuar con violencia, para que puedan manifestarse otros valores.

Aún la verdad más cruda y más amarga puede ser mejor digerida si estamos en una vibración de paz, de entendimiento.

Para llegar al respeto hay que pasar por la humildad; admitir que somos iguales aunque nuestros pensamientos y emociones sean distintos, y abrir el espacio para todos.

Podemos resistir el vivir engañados pero no maltratados, así que si en algún momento se enfrentan la honestidad y el respeto, el respeto, puede ser la puerta que conduce a la verdad.


"La integridad de un hombre 
se mide por su conducta, 
no por sus profesiones".
Juvenal
Poeta romano
67 - 127



viernes, 13 de febrero de 2015

El valor de la verdad

"A nadie le gusta que le digan la verdad", dice la sabiduría popular, pero en el fondo no es cierto, siempre queremos la verdad y no toleramos el engaño, las mentiras ni la falsedad.

Conocer la verdad de una situación o de un sentimiento es una necesidad emocional del ser humano; necesitamos decir y saber la verdad para tener armonía interior.

El problema radica en la forma en que hemos aprendido a decir la verdad y a reconocer qué es la mentira. Esto que parece simple, en realidad es un proceso interno que compromete nuestra mente y nuestro corazón y requiere de muchas oportunidades para afinarlo.

Se nota cuando no decimos la verdad, los primeros en darse cuenta son nuestros padres o quienes nos acompañan a crecer; no obstante, las mentiras de la infancia no son perversas ni graves, son ensayos que hay que permitir con dulzura y paciencia.

Puede ser que aun diciendo la verdad no nos creyeron y hasta nos castigaron, no fue una buena experiencia decir la verdad y por eso la mayoría elige el camino de la mentira, creyendo que así protege su integridad emocional.

Saber qué es mentira y qué es verdad toma su tiempo; hasta que alcanzamos lo que llamamos "Conciencia", que podemos tenerla despierta para unas cosas pero no para otras. 

La mentira es una desarmonia, significa negar o alterar la realidad, aunque no siempre es tan premeditada como imaginamos ni tiene la mala intención que creemos.

Por lo general la justificación de las mentiras de los adultos es evitar un daño en el otro; pero el daño de todas formas se produce, porque cuando decimos mentiras liberamos un tipo de energía que es percibido por los demás. 

Quien vive en el engaño y la falsedad es una persona alterada emocionalmente porque gasta mucha energía en fabricar y mostrar una la realidad que no existe. 

Vivir en la verdad requiere mucha práctica y compromiso pero es fácil, consiste en no decir ni una sola mentira, ni grande ni chica.

Conviene recordar que cada cuál tiene un pedazo de la realidad y ese pedazo se convierte en su verdad; por eso hay escuchar con paciencia los otros puntos de vista y tenerlos en cuenta, si queremos una verdad relativamente completa. 

Las recompensas de vivir en la verdad son inmediatas y maravillosas, ante todo se obtiene armonía para el espíritu; y con el espíritu en armonía, logramos todo lo que nos proponemos. 

"En una época de engaño universal 
decir la verdad es un acto revolucionario".
George Orwell
Escritor británico
1903 - 1950

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